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LOS DESIERTOS DE IRÁN
Los iraníes llaman “kavir” a los desiertos del país, que es, mutadis mutandis la traducción persa de nuestro “desierto”. Sin embargo, las asociaciones de un hisponaohablante al oír la palabra desierto son diferentes a las de un iraní respecto al término “kavir”, el cual encierra otras connotaciones. Un kavir es un lugar mucho más terrible que un desierto. En este último el viajero se adentra sin preocupaciones con su camello y sigue adelante a través de las dunas y no necesariamente por sendas, mientras que en el “kavir” nadie se introduce a no ser por caminos claramente trazados y conocidos. En efecto, todos los viajeros que viajaron a Persia en el pasado nos dejaron relatos y descripciones más o menos profusas de los kavires del país. Sus estampas lunares, sus negras montañas que parecen flotar sobre sus blancas arenas y sus parajes salinos que brillan como la nieve al sol han configurado estos extraños parajes de este planeta como un lugar apropiado para el desarrollo de la leyenda, como escenarios donde genios y duendes —según la imaginación de los lugareños— han pululado por sus arenas y salinas buscando coger desprevenido al viajero para jugarle una trastada.
Pero, volviendo a poner los pies en el suelo, diremos que son dos los kavires principales, Dasht-e-Kavir y el Kavir-e-Lut. El primero comprende a la vez otros dos que están separados por la carretera que va de Yandaq a Bidestán, a los que llaman Kavir-e-borzorg y Kavir-e-Kuchik (Kavir grande y pequeño, respectivamente).
El Kavir de Lut es un espantoso desierto, considerado por propios y extraños como uno de los lugares más inaccesibles del mundo, además del más estéril. El elevado grado de concentración de sal lo han convertido en el lugar más yermo de la tierra, pues en sus parajes no se puede hallar el más mínimo rastro de vida, ni siquiera a nivel bacteriano. Es en este lugar donde se registran las temperaturas más elevadas del planeta.
Ruinas en el Kavir, junto a un oasis de palmeras.
Kavir-e-Rig-e-Yen Entre el Kavir Grande y los que rodean Tabas y Yazd se encuentra este kavir, que traducido sería “el kavir de las arenas del genio”. Es, se podría decir, el corazón del Kavir. Sus extensos pantanales, sus montañas de arena y sus arenales han convertido a este lugar en uno de más inaccesibles del planeta, y pocos son los que lo han atravesado.
Yandaq Esta pequeña localidad de 4500 habitantes está enclavada en pleno corazón de los desiertos centrales de la meseta del Irán. La mayor parte de sus habitantes se dedican a la agricultura y al pastoreo, siendo, los productos de lugar, azafrán, trigo y cebada. Si viajan a esta localidad, no olviden probar su delicioso pan.
En Yandaq, como en todas las ciudades del Kavir, abundan las torres con grandes ventanales destinados a recoger el aire fresco. Esta localidad, en cuyos aledaños podemos visitar el castillo sasánida de Anushiraván, ha tenido importancia como enclave por ser el lugar donde se hacía una parada para descansar antes de atravesar las arenas salinas del desierto. En la actualidad es el lugar de paso obligado para los viajeros que se dirigen a Mashad procedentes de Isfahán y del sur del país.
Restos del castillo sasánida, en muy mal estado de conservación. Aunque oficialmente pertenece a la provincia de Isfahán, Yandaq está a 370 de la capital de los safavíes, y muy cerca de Damqan, en la provincia de Semnán.
Lago de Sal (Dariache-ye-Namak) El mejor lugar desde el que partir para visitar este lugar de aspecto marciano es Qom. Aunque lleva nombre de lago, no encontraremos ni una gota de agua en verano dentro de los precisos contornos de este lago, más propiamente, desierto salino, de que un día fue un mar salado en el interior de esta meseta. En realidad este lugar es el fruto de la evaporación de un mar antiguo, que ha dejado unos importantes sedimentos de sal, lo que lo convierte también en uno de los lugares más estériles de la tierra. En el Lago de Sal sólo podremos encontrar agua en invierno, que es sustituida en la estación veraniega por placas de sal que acaban rompiéndose de manera uniforme convirtiendo en verdaderos mosaicos salinos a grandes extensiones. Esta zona del país, además de ser inhóspita por su aridez, lo es también por sus cambios bruscos de temperatura entre el día y la noche, llegándose a registrar diferencias de hasta 70º entre el día y la noche. Tierra de contrastes. En primer plano, el Lago de Sal con las cumbres nevadas del Damavand como telón de fondo.
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